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Nota Completa

Asi es la vida

La cultura del todólogo

18 de Abril, 2006

multiusoUn post reciente de Juan Luis en tecnorantes.com (y del que se hacen eco en ALT1040) retrata de cuerpo entero la situación general concerniente al empleo en el sector de tecnología en los países de habla hispana. A modo de ilustración, Juan Luis reprodujo un típico anuncio donde se busca un “especialista en SEO” con los siguientes requerimientos:

  • Experiencia demostrable en SEO, aunque sea a nivel particular
  • Conocimientos de Adwords
  • Diseño y maquetación web XHTML + CSS + estándares
  • Programación PHP (ASP)
  • Webmaster, Apache, MySQL, IIS
  • Nociones de Administración Windows, Linux, sistemas, redes…
  • Conocimientos de blogs, foros, etc…
  • Remuneración será según la valía

¿Por qué será que todo esto me parece tan familiar?

Si algo puedes decir de trabajar en el campo del desarrollo web por más de una década en América Latina, es que una parte inevitable del oficio es la situación demasiado común de “repicar y dar la misa”. Es decir, si te vendes en el mercado como diseñador web, más te vale que también sepas de PHP o ASP, ser capaz de escribir código con los ojos vendados y las manos atadas por detrás, conocer de administración de redes y servidores, ser un as del marketing en Internet y el SEO, y de paso saber hacer un buen café y brindar servicios de mensajería express a la empresa.

Entramos en la figura del “todólogo” del web, especie predominante en las zonas hispanohablantes de la tierra, no porque el clima o las prestaciones de la región hagan idónea su reproducción sino porque llana y simplemente no queda más remedio. En el mercado latinoamericano de la web, la consigna de elección pareciera ser “si no sabe, improvise… o al menos haga que sabe”, pues uno de los “valores” fundamentales de muchas empresas de tecnología del sector —gracias a la “reingeniería” y demás modas empresariales en boga— parece ser el de comprobar hasta donde se puede llevar en la práctica aquello de obtener la máxima producción posible con el mínimo de presupuesto posible. O lo que es lo mismo, el cómo lograr tener diez empleados por el “precio” de uno, en un intento bizarro de repetir el milagro cristiano de la multiplicación de los panes y los peces. Como dicen en Tecnorantes: “que por pedir, que no quede”.

En el tiempo que llevo de laborar con una compañía basada en Norteamérica, he podido comprobar cómo la situación se vuelve radicalmente distinta en este aspecto. Los estadounidenses, por su parte, son extremamente celosos de la especialización (quizás por la gran escala que se manejan en muchos trabajos, y por los clientes mismos), y se espera que la misma se cumpla al pie de la letra. O sea, si te contratan para hacer X, pues tú haces simple y llanamente X — no X, Y, Z, Alfa, Beta, Omega y Gamma. Debo admitir que esta situación me ha obligado a hacer ciertos ajustes en mi forma de abordar el trabajo pues, de tan acostumbrado que estaba a estar pendiente de absolutamente todo, ya las reglas… son otras.

Un aspecto potencialmente negativo de la especialización quizás sea el que no se tenga una comprensión total del proyecto en sí sino tan sólo de una parte. Un proyecto es algo muy similar a un organismo, con múltiples partes que, entre el funcionamiento de todas, unas más visibles y otras no tanto, hacen posible que el mismo funcione. Quizás no sea conveniente especializarse demasiado cuando se empieza a laborar en este campo y ser más bien tan versátil como, de todas maneras, se perfila en la típica empresa latina de tecnología. Por supuesto, uno piensa muy diferente cuando le han tocado ya varios lustros de hacer de “Zoila” (‘zoila’ que diseño, ‘zoila’ que programo, ‘zoila’ que hago café…) y, a decir verdad, no echo de menos esos tiempos demasiado.

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